Siguiendo el consejo de Popy Blasco, me dispuse a entrevistar a Juanita la Crawford. Esta travesti madrileña, miembro de Liza y las Minelli, es el Abducido de este mes.
(Fotos de Pepino Marino)

- En la entrevista que le hice, Popy Blasco dijo de ti que eras el Jaime Mora y Aragón de la Removida. ¿Cuáles son tus similitudes con este personaje? ¿Eres de la aristocracia como él?
A pesar de que mis orígenes se remontan a la más rancia hidalguía española, vamos, que soy cristiano viejo, he de decir que no soy aristócrata, aunque siempre me he sentido más que atraído por ese mundo de nobleza y opulencia en el que todo es belleza y despreocupación.
Con respecto a ese gran personaje que fue Jaime de Mora y Aragón, creo que, salvando las distancias, ambos somos personas poco corrientes, con estilos que se salen de la norma y con cierta tendencia al histrionismo y la exhibición. En su caso, con mucho más mérito que en el mío, pues él pertenecia a una familia bastante apolillada, solo hay que ver a su hermana, la aburridísima reina Fabiola, de la que lo único que me llama la atención es su maravilloso traje de boda.
- Tú, que pareces tan fan de Joan Crawford, ¿tienes alguna rival en la escena underground madrileña estilo Bette Davis?
Rivales, tengo unas cuantas, pero como dicen que al enemigo ni agua, pues no les voy a hacer el favor de nombrarlas. En cualquier caso, y tomándome a mí como Joan Crawford, ninguna de ellas estaría a la altura de personificar a Bette Davis.
- ¿Cuáles son tus sitios favoritos de Madrid?
Sin duda alguna, el Palacio Real. Siempre que he ido me ha parecido un remanso de magia, belleza y silencio enclavado en el centro de esta ciudad a la que el paso del tiempo no ha hecho más que arrancarle gran parte del encanto que la caracterizaba.
A pesar de ello, creo que Madrid es una ciudad maravillosa, acogedora y en la que nunca llegas a sentirte solo del todo. No tiene la grandiosidad de París, ni la vida cultural de Londres, ni la vanguardia extrema de Berlín, ni la playa de la Barceloneta, pero tiene una vida interior de las que el resto de ciudades carecen y que la hace única. 
- ¿Estudias o trabajas?
Se podría decir que a veces estudio y que a veces trabajo. No lo sé. Este aspecto de mi vida tiene muchos velos que debería ir descorriendo.
- En el sexo, ¿qué rollo te pone más?
Bueno, a esto te contestaré diciendo que cuando veo porno, prefiero el porno hetero, ver como una mujer disfruta con las artes amatorias de un buen macho dominante. Más o menos creo que así te harás una idea de lo que me va.
- ¿Cuál es tu película favorita?
Tengo como 20 o 30 películas favoritas, pero si tuviera que elegir una sería "Los puentes de Madison", ya que es la única que me emociona de la misma e intensa manera siempre que la veo. Vamos, que acabo llorando como una perra.
- ¿Qué galán de la época dorada de Hollywood elegirías para que saliera a recibirte a las puertas del cielo?
Creo que Gary Cooper, el Gary Cooper de veintitantos años que todas sus compañeras se rifaban como posesas. Luego envejeció algo mal, eso sí. También me encantaría que me recibiese Warren Beatty, que además ya hizo de ángel en "El cielo puede esperar".
- ¿Te interesa la política? ¿De lado de quién estás?
Yo soy de izquierdas, pero no de toda la vida. Cuando era preadolescente era un furibundo seguidor de Aznar. Pero gracias a Dios, superé la edad del pavo y se me quitaron las tonterías. Eso sí, Zapatero me parece super soso, me gusta más el rollo cañero socialista de los años ochenta.

- ¿Como quién quieres ser?
Como Joan Crawford, evidentemente. Y también me encantaría acabar siendo una vieja reina como Antonio Gala. Mi sueño es morir en una cama con dosel dorado en una habitación recargadísima rodeada de recuerdos de todas las personas que han sido importantes en mi vida.
- ¿Hasta cuando crees que seguirás siendo La Crawford?
Bueno, creo que siempre he sido la Crawford, solo que antes no lo sabía. Con peluca o sin ella, siempre soy la misma persona. No hay diferencia entre Álvaro y la Crawford más que en el aspecto, y muchas veces ni eso. Travestida o no, mis comentarios, ideas y formas de actuar son siempre las mismas.
De hecho me encanta que todo el mundo me llame la Crawford. Es un honor para mí llevar ese nombre, que además lo he elegido yo, y que representa todo lo que siempre he querido ser.